Felipe Guedes.
Ingeniero de Software y Arquitecto de Sistemas. Especialista en System Design: diseña sistemas que aguantan el mundo real. Construye tecnología para acelerar la ciencia. Hijo de Pedro. Autor de este memorial.
“Algunas historias no continúan por el tiempo que tuvieron. Continúan por lo que pasaron a significar.”
Sobre la creación de este memorial
El padre que conoció en la adolescencia.
Felipe conoció a Pedro a los quince años. Hasta ese momento, según su relato, el padre no sabía de su existencia. El acercamiento ocurrió tras una búsqueda hecha con la participación de Marilu, una de las personas que formaron parte de su crianza.
Una visita a la clínica permaneció con nitidez. Durante unas dos horas, padre e hijo conversaron. Felipe recuerda a Pedro hablando sobre la bondad y sobre la manera de llevar la vida. Recuerda también una pregunta simple: ¿qué quería ser cuando fuera grande?
Respondió que quería ser abogado. Había en esa respuesta el deseo de impresionar al padre y de presentar un futuro que le pareciera importante. La Medicina, en ese momento, parecía lejos de las posibilidades que alcanzaba a ver.
De la despedida quedaron un abrazo, el taxi que llamó el padre y un chicle Trident. Detalles pequeños, guardados porque aquella convivencia casi no tuvo tiempo de volverse cotidiana.
Poco después, Pedro murió. Felipe supo del fallecimiento cuando ya no había posibilidad de una despedida. El encuentro había sido breve; su importancia, no.
Crecer también fue aprender a reconocer a quien tendió la mano.
En la infancia, Felipe vivió al cuidado de distintas personas. Dilza y Carlos lo acogieron en una familia que ya tenía ocho hijos y pocos recursos. Marilu estuvo presente en etapas importantes. Etelvina, Seu Mário y otras personas también formaron parte de esa red de cuidado.
Esa historia contiene ausencias, cambios y responsabilidades que llegaron temprano. Contarla no significa convertir la dificultad en espectáculo. Significa reconocer que nadie se construye solo y que cada gesto de acogida participa de lo que una persona logra ser.
De la imprenta y la electrónica a la tecnología.
Hacia los doce años, Felipe empezó a aprender producción gráfica en Arte Final, con Samuel. Tuvo contacto con CorelDRAW y FlexiSIGN, pasó a crear piezas y acompañó el corte y la aplicación de vinilos. Allí percibió cómo una necesidad descrita por el cliente podía ganar forma e identidad.
Más tarde, en Gradualtec, aprendió con Val a trabajar con reparaciones electrónicas. Observaba, preguntaba y practicaba. Esa manera de aprender atravesó la comunicación visual, la electrónica, el marketing, la experiencia de usuario y el desarrollo de software. Ser autodidacta, para él, nunca significó aprender sin personas.
Construir, perder y empezar otra vez.
Todavía adolescente, Felipe empezó a costear su propia vivienda. Trabajó en autopartes, eventos, pintura y construcción civil. Cursó tres años de Biomedicina en la FMU; el área de la salud volvió a acercarse a su historia, pero la necesidad de mantenerse hizo inviable la pasantía final no remunerada. No terminó la carrera.
En 2018 se mudó a Toledo, en Paraná. Nuevos vínculos abrieron espacio a trabajos en marketing y tecnología y, después, al emprendimiento. Fue en ese período cuando conoció a Natália, hoy su esposa.
Con la pandemia de 2020, los contratos se perdieron uno tras otro. Al salir del edificio donde trabajaba, Felipe desbloqueó la bicicleta, recorrió unos metros y volvió a guardarla. Prefirió caminar hasta casa. Necesitaba tiempo para llorar y para encontrar una forma de hablar con Natália, que estaba embarazada. No encontró reproches. Encontró a alguien dispuesto a atravesar el nuevo comienzo a su lado, y a una suegra, Iara, que acogió a la familia.
La reconstrucción vino en días comunes: cuentas reorganizadas, trabajo retomado, decisiones tomadas sin certeza de que saldrían bien. Felipe reconoce en ese período la fuerza de la familia, de las personas que permanecieron y de la fe cristiana que pasó a ocupar un lugar importante en su vida.
Una contribución con lenguaje propio.
Hoy, Felipe es Ingeniero de Software y Arquitecto de Sistemas, especialista en System Design. Lo que más le gusta es exactamente eso: decidir cómo un sistema se organiza, escala y falla con seguridad antes de escribir la primera línea. En fgxdev.com reúne arquitectura de software, System Design, productos digitales y experiencia de usuario: entender personas, organizar problemas complejos y transformar ideas en sistemas que funcionan.
La pregunta que Pedro hizo en la clínica nunca recibió una respuesta definitiva. Felipe no se hizo abogado, como le dijo a su padre. Tampoco se hizo médico. Encontró en la tecnología una tercera respuesta: construir herramientas capaces de llegar adonde él, solo, no llegaría.
De esa respuesta nació la motivación para ELUCENIA, un proyecto de inteligencia artificial para el descubrimiento científico que empieza por el campo cardiovascular. La convicción es simple: si el padre dedicó la vida a cuidar personas por medio de la Medicina, el hijo puede usar software, datos e IA para ampliar la capacidad de investigadores y médicos. Cada hipótesis necesitará evidencia; cada avance, validación científica; cada decisión, responsabilidad humana.
El hijo que todavía conversa con el padre.
Felipe tuvo pocas horas frente a Pedro. Quedaron documentos, fotografías, historias contadas por otras personas y el recuerdo de aquella conversación. Construir este memorial fue una forma de reunir esas partes sin fingir que sustituyen el tiempo perdido.
Al organizar los artículos, los relatos y los pasajes de la vida de Pedro, Felipe pasó a conocerlo por la manera en que trataba a las personas: la atención a quien no podía pagar, el respeto ante el dolor ajeno, la responsabilidad con la profesión. Tal vez esa sea la respuesta adulta a la pregunta hecha en la clínica. Felipe no eligió la profesión de su padre. Eligió llevar adelante el principio que encontró en él: el conocimiento solo encuentra su sentido cuando mejora la vida de alguien.